lunes, 31 de julio de 2017

EL CATRIN.



EL CATRIN.

Entró silbando a la sala de espera, su sonriente cara y su estilo sin igual lo acompañaban., dio una vuelta buscando un lugar donde sentarse, camino hasta el fondo y cuando vio que todos los asientos estaban ocupados decidió pegar un tremendo giro de 360 grados como si estuviera bailando, camino en dirección contraria, pero nadie  en la sala notó su cadencioso movimiento; siguió buscando donde acomodarse pero al ver que no había ningún asiento disponible  termino recargándose junto al bote de basura. Apoyo contra la pared la suela de su zapato izquierdo, el cual cabe mencionar estaba perfectamente lustrado y brilloso, todavía manteniendo la sonrisa de galán de televisa intacta en su rostro. Después de unos minutos se desocupo un asiento, él se acercó y saludando con la cabeza a las personas que estaban alrededor se dispuso a sentarse; paso seguido, se acomodó el bigote con los dedos de la mano derecha y luego se pasó la palma de la mano izquierda por el impecable cabello que llevaba puesto ese día; apenas se estaba poniendo cómodo  cuando entro a la sala una señora cargada con tremendos bultos. El catrín con toda su elegancia se levantó de inmediato para cederle el asiento ante las miradas de todos los presentes, luego fue y se recargo otra vez junto a la basura, estuvo un par de minutos ahí parado y luego se fue caminando lentamente. Cuando iba saliendo, al ver la indiferencia de los demás, se le borró por un instante su sonrisa, pero rápidamente la recobró, pues el estilo de un catrín no se pierde ni en las peores decepciones.

DHG. Sala de espera de Puerto la Cruz, Julio 2017.


domingo, 23 de julio de 2017

UNA MIRADA (VIDA) TRANQUILA.



UNA MIRADA TRANQUILA.

Ese viejo reflejaba en su mirada toda la parsimonia que le daba vivir en esa hermosa isla. Decía que nadie conocía la isla como él y que los caminos los conocía mejor que la planta de su mano, mejor que los ojos de varias de las amantes que había tenido a lo largo de su vida, mejor que los condimentos que usa su actual mujer para sazonar día con día su almuerzo de pescado, de langosta o de camarones; también decía que los pelicanos y las gaviotas de la isla en época de escases, acudían a él para que les dijera en que parte podían pescar algo; comentaba que dentro de sus pestañas escondía los mejores atardeceres y entre sus parpados los mejores amaneceres. Él era un excelente nadador y presumía de haberle enseñado a nadar a todos sus descendientes y de haberles pasado su legado como navegante, a varios de sus hijos. Él se llamaba Ramón, pero era mejor conocido como Ramón el de la Isla.
El día que llegue a la isla, por azares del destino, me tocó conocerlo. Era un viejo agradable que le gustaba hablar mucho,  a quien se le notaba que se estaba quedando ciego y quien lentamente daba pasos pequeños alrededor de todo el pueblo; un verdadero cuento hecho persona por la forma fabulosa en que narraba los relatos de su propia vida. Yo le interrumpí  su lento caminar mientras cruzaba la solitaria calle para preguntarle si sabía el nombre de la iglesia que estaba en frente;  él me explico que era la iglesia de San Pedro, el patrono de la Isla de Coche, y con la mirada perdida me apunto justamente a lo alto del cerro para decirme que allá arriba estaba la estatua donde año con año festejaban su día. De ahí comenzó la charla, sus relatos eran demasiado amenos y graciosos que no sentí como pasaba el tiempo y sin darme cuenta estuvimos hablando por más de dos horas. Recuerdo que varias veces me hizo reír como lo hace un abuelo cuando le toma el pelo a su nieto. Entre palabras y risas note que sus ojos estaban llenos de nubes, así que cuando ya habíamos agarrado confianza le pregunte que tenía en los ojos, él me dijo que se estaba quedando ciego,
-es más le voy a confesar algo solo porque usted me cayó muy bien, yo ya no veo nada, jeje, pero eso nadie lo sabe, ni mi actual mujer, ni mis hijos, y lo más gracioso es que mis nietos piensan que tengo los ojos así porque están  diseñados para que yo vea cosas en el fondo del mar-.
A mí me dio mucha risa la manera como Don Ramón me confeso su pérdida de visión  pero no entendía como le hacía para seguir con su vida normal e incluso para orientar a los turistas, así que sin pena alguna se lo pregunté, a lo que me él respondió
– como ya le dije, conozco esta isla mejor que nadie.-
En uno de los tantos intentos por despedirme me dijo que estuviera atento de la caída del sol  pues esa tarde iba a ser sorprendente,
-hoy viene a saludarnos el diablo-
Yo le pregunte que cómo sabia,
- es que cuando viene para la Isla a mí me suele dar una sed en forma de ron (dijo en voz baja, marcando un tono de complicidad conmigo), antes tomaba más, pues hace años los atardeceres eran más lindos que ahora, ya es difícil que Satanás venga a jugar con el cielo, dicen que porque hay tanta gente en el infierno que actualmente está muy ocupado.  Pero no se preocupe cuando nos volvamos a encontrar usted y yo, muy probablemente sea en el infierno, y yo personalmente le voy a pedir  al diablo que nos lleve a ver cómo se apodera de esta isla.-
 Yo al escuchar eso solté una carcajada y afirmando con la cabeza le dije, - allá nos volveremos a encontrar mi estimado.-
Con una verdadera sonrisa en la cara lo miré y  me despedí de él con un fuerte apretón de manos, el señor correspondió el apretón,  tardó en soltarme y lentamente me fue acercando hacia él, hasta que me dio un fuerte abrazo, yo correspondí esa muestra de afecto.
–yo confió en la gente que aprieta la mano fuerte al despedirse y más cuando me miran a los ojos.- Nunca entendí como supo que lo estaba viendo a los ojos pues siempre tuvo la cabeza hacia el piso. Con el sol pegando fuertemente me despedí de ese viejo tan especial. Comencé a caminar  sobre la arena húmeda que recoge las olas, mientras pensaba en lo bien que lo había pasado con ese viejo, hasta que  a lo lejos escuche  un grito desde un auto
– nos vemos en el infierno mi chamo-.
Riéndome, levante mi mano para saludarlo, posteriormente seguí mi camino hasta el hotel donde estaba hospedado.
Unas horas después el sol comenzó a postrarse detrás del océano. Un enorme círculo que parecía arder en fuego, comenzó a ocultarse en lontananza, y unos minutos después, el diablo comenzó a pintar el cielo de tonos impresionantes como si estuviera tratando de expandir su reino; curiosamente con ese panorama me dieron ganas de tomar por lo que me servi un par de rones.


Estuve un par de días más en la isla antes de volver a tierra firme, por desgracia no volví a presenciar un atardecer ni parecido al del primer día, ni tampoco me encontré con el  tal Ramón el de la Isla.
A la gente del pueblo le preguntaba por él,  todos me decían que a veces no alcanzaba a bajar desde su casa,  pero todos coincidían en que era una gran persona y que la isla le pertenecía mas a él que al mismo demonio. Fue entonces cuando comencé a escuchar historias sorprendentes del tal Ramón, de quien se dice que una vez pescó un tiburón; también contaban que una vez para un cumpleaños se le había ocurrido hacer sopa de pelícano  para todos sus invitados, dicen que ese día todos los comensales quedaron maravillados y que nunca más se había vuelto a hacer una sopa de pelícano en la Isla por que nadie mas había podido atrapar uno. Otra historia contaba que una vez se había hundido por completo en el terreno fangoso de la isla por donde esta el desierto de sal,  y que luego anduvo desaparecido por varios meses hasta que un día volvió con una túnica blanca, el argumentaba que había estado viviendo en una tribu africana  llena de negros que lo veneraban como si fuera un  rey, pero que eso a él no le gustaba porque en el fondo, extrañaba la isla. Pero la historia más sorprendente me la platicó el tipo de un pequeño bar quien dijo ser su sobrino,  
-el tío Ramón es mi  ídolo,  pues él ha sido el único hombre en la tierra que ha podido tener tres esposas al mismo tiempo, y por muchos años las tres fueron felices junto  a él.-
Yo no supe si creerle, pero luego, prosiguió,
- el tío Ramón se salía temprano a pescar  y cuando volvía las esposas ya se habían organizado para realizar las labores del hogar, comían todos juntos y convivían como familia, hasta que comenzaron a llegar los hijos,  con unas tuvo más y con otras menos,  allí llegaron los problemas pues una quería más plata que la otra y así se fueron desgastando las cosas hasta que termino con todas y mejor juró que nunca  más se casaría, pero que no por eso dejaría de amar.-
Todas las personas con las que hablé de Don Ramón siempre coincidimos que era impresionante su sentido de ubicación en todos los sentidos, y aunque  realmente parecía que nadie sabía que estaba completamente ciego, todos estaban de acuerdo cuando les decía que ese señor ya no esta viendo con los ojos, sino con el corazón.






Escrito por DAVID HERRERA EL GONZALEZ. 
JULIO 2017. ISLA DE COCHE. VENEZUELA