UNA MIRADA TRANQUILA.
Ese viejo reflejaba en su mirada toda la parsimonia que le daba vivir en esa hermosa isla. Decía que nadie conocía la isla
como él y que los caminos los conocía mejor que la planta de su mano,
mejor que los ojos de varias de las amantes que había tenido a lo largo de su vida,
mejor que los condimentos que usa su actual mujer para sazonar día con día su
almuerzo de pescado, de langosta o de camarones; también decía que los
pelicanos y las gaviotas de la isla en época de escases, acudían a él para que
les dijera en que parte podían pescar algo; comentaba que dentro de sus
pestañas escondía los mejores atardeceres y entre sus parpados los mejores
amaneceres. Él era un excelente nadador y presumía de haberle enseñado a nadar
a todos sus descendientes y de haberles pasado su legado como navegante, a
varios de sus hijos. Él se llamaba Ramón, pero era mejor conocido como Ramón el de la Isla.
El día que llegue a la isla, por
azares del destino, me tocó conocerlo. Era un viejo agradable que le gustaba
hablar mucho, a quien se le notaba que
se estaba quedando ciego y quien lentamente daba pasos pequeños alrededor de
todo el pueblo; un verdadero cuento hecho persona por la forma fabulosa en que
narraba los relatos de su propia vida. Yo le interrumpí su lento caminar mientras cruzaba la
solitaria calle para preguntarle si sabía el nombre de la iglesia que estaba en
frente; él me explico que era la iglesia
de San Pedro, el patrono de la Isla de Coche, y con la mirada perdida me apunto
justamente a lo alto del cerro para decirme que allá arriba estaba la estatua
donde año con año festejaban su día. De ahí comenzó la charla, sus
relatos eran demasiado amenos y graciosos que no sentí como pasaba el tiempo y
sin darme cuenta estuvimos hablando por más de dos horas. Recuerdo que varias
veces me hizo reír como lo hace un abuelo cuando le toma el pelo a su nieto.
Entre palabras y risas note que sus ojos estaban llenos de nubes, así que
cuando ya habíamos agarrado confianza le pregunte que tenía en los ojos, él me
dijo que se estaba quedando ciego,
-es más le voy a confesar algo solo porque
usted me cayó muy bien, yo ya no veo nada, jeje, pero eso nadie lo sabe, ni mi
actual mujer, ni mis hijos, y lo más gracioso es que mis nietos piensan que
tengo los ojos así porque están
diseñados para que yo vea cosas en el fondo del mar-.
A mí me dio mucha
risa la manera como Don Ramón me confeso su pérdida de visión pero no entendía como le hacía para seguir con
su vida normal e incluso para orientar a los
turistas, así que sin pena alguna se lo pregunté, a lo que me él respondió
– como
ya le dije, conozco esta isla mejor que nadie.-
En uno de los tantos intentos por
despedirme me dijo que estuviera atento de la caída del sol pues esa tarde iba a ser sorprendente,
-hoy
viene a saludarnos el diablo-
Yo le pregunte que cómo sabia,
- es que
cuando viene para la Isla a mí me suele dar una sed en forma de ron (dijo en
voz baja, marcando un tono de complicidad conmigo), antes tomaba más, pues hace
años los atardeceres eran más lindos que ahora, ya es difícil que Satanás venga
a jugar con el cielo, dicen que porque hay tanta gente en el infierno que actualmente
está muy ocupado. Pero
no se preocupe cuando nos volvamos a encontrar usted y yo, muy probablemente sea en el infierno, y yo personalmente le voy a pedir al diablo que nos lleve a ver cómo se apodera de esta isla.-
Yo al escuchar eso solté una carcajada y afirmando con la
cabeza le dije, - allá nos volveremos a encontrar mi estimado.-
Con una verdadera sonrisa en la
cara lo miré y me despedí de él con un
fuerte apretón de manos, el señor correspondió el apretón, tardó en soltarme y lentamente me fue
acercando hacia él, hasta que me dio un fuerte abrazo, yo correspondí esa
muestra de afecto.
–yo confió en la gente que aprieta la mano fuerte al
despedirse y más cuando me miran a los ojos.- Nunca entendí como supo que lo
estaba viendo a los ojos pues siempre tuvo la cabeza hacia el piso. Con el sol
pegando fuertemente me despedí de ese viejo tan especial. Comencé a caminar sobre la arena húmeda que recoge las olas, mientras pensaba en lo bien que lo había pasado con ese viejo, hasta que a lo lejos escuche un grito desde un auto
– nos vemos en el
infierno mi chamo-.
Riéndome, levante mi mano para saludarlo, posteriormente seguí mi
camino hasta el hotel donde estaba hospedado.
Unas horas después el sol comenzó
a postrarse detrás del océano. Un enorme círculo que parecía arder en fuego, comenzó a ocultarse en lontananza, y unos minutos después, el diablo comenzó a pintar el cielo de tonos impresionantes
como si estuviera tratando de expandir su reino; curiosamente con ese panorama
me dieron ganas de tomar por lo que me servi un par de rones.
Estuve un par de días más en la
isla antes de volver a tierra firme, por desgracia no volví a presenciar un atardecer ni parecido al del
primer día, ni tampoco me encontré con el tal Ramón el de la Isla.
A la gente del pueblo le
preguntaba por él, todos me decían que a
veces no alcanzaba a bajar desde su casa, pero todos coincidían en que era una gran persona y que la isla le pertenecía mas a él que al mismo demonio. Fue entonces cuando comencé a escuchar historias sorprendentes del tal Ramón, de quien se dice que una vez pescó un tiburón; también contaban que una vez para un cumpleaños se le había
ocurrido hacer sopa de pelícano para todos sus invitados, dicen que ese día
todos los comensales quedaron maravillados y que nunca más se había vuelto a hacer una sopa de pelícano en la Isla por que nadie mas había podido atrapar uno. Otra historia contaba que una vez se había hundido por completo en el terreno
fangoso de la isla por donde esta el desierto de sal, y que luego anduvo desaparecido por varios meses
hasta que un día volvió con una túnica blanca, el argumentaba que había estado
viviendo en una tribu africana llena de
negros que lo veneraban como si fuera un rey, pero que eso a él no le gustaba porque en el fondo, extrañaba la isla. Pero la historia más sorprendente me la platicó el tipo de
un pequeño bar quien dijo ser su sobrino,
-el tío Ramón es mi ídolo, pues él ha sido el único hombre en la tierra
que ha podido tener tres esposas al mismo tiempo, y por muchos años las tres
fueron felices junto a él.-
Yo no supe si creerle, pero luego, prosiguió,
- el tío Ramón se salía temprano a pescar
y cuando volvía las esposas ya se habían organizado para realizar las
labores del hogar, comían todos juntos y convivían como familia, hasta que
comenzaron a llegar los hijos, con unas tuvo más y con otras menos, allí llegaron los problemas pues una quería
más plata que la otra y así se fueron desgastando las cosas hasta que termino
con todas y mejor juró que nunca más se
casaría, pero que no por eso dejaría de amar.-
Todas las personas con las que hablé de Don Ramón siempre coincidimos que era impresionante su sentido de ubicación en todos los sentidos, y aunque realmente parecía que nadie sabía que estaba completamente ciego, todos estaban de acuerdo cuando les decía que ese señor ya no esta viendo con los ojos, sino con el corazón.
Escrito por DAVID HERRERA EL GONZALEZ.
JULIO 2017. ISLA DE COCHE. VENEZUELA