EL CATRIN.
Entró silbando a la sala de
espera, su sonriente cara y su estilo sin igual lo acompañaban., dio una vuelta
buscando un lugar donde sentarse, camino hasta el fondo y cuando vio que todos
los asientos estaban ocupados decidió pegar un tremendo giro de 360 grados como
si estuviera bailando, camino en dirección contraria, pero nadie en la sala notó su cadencioso movimiento; siguió
buscando donde acomodarse pero al ver que no había ningún asiento
disponible termino recargándose junto al
bote de basura. Apoyo contra la pared la suela de su zapato izquierdo, el cual
cabe mencionar estaba perfectamente lustrado y brilloso, todavía manteniendo la sonrisa de galán de
televisa intacta en su rostro. Después de unos minutos se desocupo un asiento,
él se acercó y saludando con la cabeza a las personas que estaban alrededor se
dispuso a sentarse; paso seguido, se acomodó el bigote con los dedos de la mano derecha y luego se pasó la palma de
la mano izquierda por el impecable cabello que llevaba puesto ese día; apenas se estaba
poniendo cómodo cuando entro a la sala
una señora cargada con tremendos bultos. El catrín con toda su elegancia se
levantó de inmediato para cederle el asiento ante las miradas de todos los
presentes, luego fue y se recargo otra vez junto a la basura, estuvo un par de
minutos ahí parado y luego se fue caminando lentamente. Cuando iba saliendo, al ver
la indiferencia de los demás, se le
borró por un instante su sonrisa, pero rápidamente la recobró, pues el estilo de
un catrín no se pierde ni en las peores decepciones.
DHG. Sala de espera de Puerto la Cruz, Julio 2017.


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