lunes, 31 de julio de 2017

EL CATRIN.



EL CATRIN.

Entró silbando a la sala de espera, su sonriente cara y su estilo sin igual lo acompañaban., dio una vuelta buscando un lugar donde sentarse, camino hasta el fondo y cuando vio que todos los asientos estaban ocupados decidió pegar un tremendo giro de 360 grados como si estuviera bailando, camino en dirección contraria, pero nadie  en la sala notó su cadencioso movimiento; siguió buscando donde acomodarse pero al ver que no había ningún asiento disponible  termino recargándose junto al bote de basura. Apoyo contra la pared la suela de su zapato izquierdo, el cual cabe mencionar estaba perfectamente lustrado y brilloso, todavía manteniendo la sonrisa de galán de televisa intacta en su rostro. Después de unos minutos se desocupo un asiento, él se acercó y saludando con la cabeza a las personas que estaban alrededor se dispuso a sentarse; paso seguido, se acomodó el bigote con los dedos de la mano derecha y luego se pasó la palma de la mano izquierda por el impecable cabello que llevaba puesto ese día; apenas se estaba poniendo cómodo  cuando entro a la sala una señora cargada con tremendos bultos. El catrín con toda su elegancia se levantó de inmediato para cederle el asiento ante las miradas de todos los presentes, luego fue y se recargo otra vez junto a la basura, estuvo un par de minutos ahí parado y luego se fue caminando lentamente. Cuando iba saliendo, al ver la indiferencia de los demás, se le borró por un instante su sonrisa, pero rápidamente la recobró, pues el estilo de un catrín no se pierde ni en las peores decepciones.

DHG. Sala de espera de Puerto la Cruz, Julio 2017.


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