viernes, 4 de agosto de 2017

104. EL CARIBE VENEZOLANO.



EL CARIBE VENEZOLANO.
“En el mar la vida es más  sabrosa”








Una de las razones que me motivaban a visitar Venezuela, a pesar de todas las malas referencias que nos habían dado, era poder conocer esas playas que son consideradas como las mejores del mundo.
Después de haber estado en la zona de los Andes y en el desierto de Coro en Falcón, había que comenzar a recorrer el país a través de la costa. Nuestra primer parada fue en Tucacas, una zona famosa por los hermosos cayos,  donde la primera impresión del lugar no fue nada grata pues la ciudad no es muy linda que digamos, pero luego de haber conocido el Cayo de Playa Sur y la playa del Parque Nacional Morrocoy nos cambió por completo esa mala impresión a tal grado que intentamos volver pero por los problemas que tuvimos la última semana con el transporte ya no pudimos conocer el famoso Cayo Sombrero, pero bueno al menos nos llevamos esa bonita impresión del caribe, con arena blanca, aguas cristalinas y diferentes tonos de azul en el mar, y con la grata oportunidad de haberlo hecho en un hermoso cayo, después de haber tomado una lancha que  se fue bordeando por la playa, y  que de pronto se adentró entre unos mágicos caminos de manglares hasta irse encontrando con pequeñas porciones de tierra donde la gente se reunía para disfrutar del agua templada del mar. 
Nuestra siguiente parada sobre la costa fue en Choroní,  una playa de difícil acceso que pasa por el Parque Nacional Henry Pitier, donde los largos buses comienzan a recorrer esos estrechos caminos que van subiendo a esas interminables montañas repletas de selva, en algún punto se siente el frío por la altura, pero luego  hay que bajar hasta la costa, donde prolifera el calor y  gracias a este, el mejor cacao del mundo. El pueblo de Choroní era hermoso con unas estrechas calles y con construcciones antiguas, con un malecón con una vista preciosa, y con una playa a mar abierto donde el panorama no era tan lindo como en los cayos, pero la cual también disfrute mucho al remojar mi alma en sus aguas. También allí tomamos una lancha para ir a conocer uno de los pueblos donde se extrae el cacao, Chuao era el nombre de esa población. Para llegar allá el trayecto en la lancha fue por demás divertido pues la lancha se movía mucho por el brincar de las olas, mientras íbamos navegando yo me sentí realizado pues tuve uno de esos momentos del viaje en que uno se siente completamente feliz. Para cuando llegamos a Chuao hicimos una larga caminata en medio de plantas de cacao, de ríos, de ardillas y de bananeras hasta llegar a la iglesia principal donde día con día se ponen a secar los granos de cacao, allí pude probar un delicioso chocolate que no lo vendió un enorme tipo de raza negra que se hacía llamar el ”Rey del Cacao”.
Después de haber pasado unos excelentes días en Choroní nos fuimos con rumbo a Puerto La Cruz pues allá nos esperaba nuestro amigo José Manuel, un puerto muy importante donde pudimos conocer la Isla de Plata una hermosa playa caribeña sin muchas olas, pero con un paisaje primoroso pero desgraciadamente arruinado por la enorme contaminación que produce una planta cementera que hace algunos ayeres era propiedad de CEMEX y que fue expropiada durante el gobierno de Chávez, pero donde afortunadamente terminamos conociendo a Ita y a Colacho un par de venezolanos con quienes terminamos pasando un domingo familiar.
Cuando estábamos por ir rumbo a Caracas de manera  inesperada se nos apareció la oportunidad de ir a la Isla Margarita gracias a la invitación de Rafa un colombiano que habíamos conocido en Panamá y quien ahora vive tranquilamente en la isla trabajando y practicando surf. Allí pudimos conocer en medio de las montañas, Playa Parguito, una hermosa playa donde pude por primera vez subirme a una tabla de surf, aunque mi intento no fue muy productivo si fue algo que disfrute como niño.
Desde Margarita unos días nos escapamos a un lugar lleno de paz, la Isla de Coche, una pequeña isla que es un  viaje introspectivo con el caribe como locación, un lugar donde se vive rico, entre conchas y caracoles, cactus y algas, gaviotas y  pelicanos, camarones y pescadores,  entre salares y arena,  entre rones y cumpleaños; un lugar que nos permitió estar en paz, salir a la playa, ver como el diablo pinto de colores el cielo la primer tarde cuando se metía el sol, un lugar donde comimos rico y donde se podía acabar el mundo (o Venezuela) y yo ni si quiera me hubiera enterado, pues en esa Isla no llegan noticias, la vida en esa isla está allí para disfrutarse.
 
Al final y después de haber estado en 16 países de Latinoamérica, fue en Venezuela donde tuve más tiempo para convivir con la paz del mar, un lugar donde me siento cómodo, cuando estoy dentro del agua me siento  parte de la naturaleza,  tal vez eso de la  evolución sea cierto, vaya que sí,  nuestro origen como especie viene del mar.

 
Escrito por David Herrera González.

 25 de Julio de 2017.


Fotografias de Julieta D' Ambrosio

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