LA MUJER DE CHORONÍ PIERDE SU MIRADA EN UN MAR DE ILUSIONES
Una mujer en Choroní sale a ver el atardecer al malecón.
Mientras ve las olas del mar chocando contra las piedras, se
pone a pensar,
piensa en lo que era este país hace algunos años, donde todo
era abundancia.
Se pone triste al ver que ahora no hay harina para las
arepas,
ni papel para ir al baño, ni medicinas, ni abundancia.
En un país tan rico ya no existen estas cosas que antes eran
básicas,
mucho menos hay para darse lujos.
Mientras ve el romper
de las olas, detrás de ella
los perros callejeros pasan buscando algo para comer,
ellos están flacos, se les marcan las costillas,
tienen más hambre que los propios venezolanos;
los comerciantes del pueblo pasan vendiendo cigarrillos,
y los niños siguen jugando como antes,
bendita inocencia la de ellos
pues nunca conocieron esos años de opulencia,
ellos juegan a que son niños,
como en cualquier parte del mundo.
La mujer también tiene tiempo de escuchar a los jóvenes
a esa minoría de jóvenes que todavía pueden vacacionar
para venir al pueblo a emborracharse.
Ella los escucha y le sale una ligera sonrisa,
pues acá la gente todavía preserva su buen humor,
se ríen de todo, de lo cotidiano, de Maduro,
del comunismo, de la miseria, de todo.
Esa mujer de tez morena cierra sus ojos
entre el romper de las olas,
y en ese mínimo instante se da tiempo de soñar,
de soñar en que las cosas sucedan mejor.
Ella no desea que las cosas sean como antes,
Simplemente que sean mejor de como son ahora.
DHG. Choroní, Julio, 2017.

No hay comentarios:
Publicar un comentario