martes, 5 de septiembre de 2017

106. TRANSPORTE DE TERROR. Segunda Parte



TRANSPORTE DE TERROR. 
¿Qué hicimos para merecer esto? Nada, solamente estar en Venezuela. 


 
*Fragmentos del Diario.
SEGUNDA PARTE
Miércoles 12 de Julio, 2017.
NO SOLO POR TIERRA HAY RETRAZOS Y MALA ORGANIZACION, TAMBIEN EN EL MAR.
Nos levantamos a las 4 y media de la mañana para salir de casa del  Negro, quien muy amablemente se despertó para despedirnos y para llamar al taxi que nos iba a llevar al puerto. El taxi nos dejó en las oficinas del Navibus a las cinco de la mañana, a esa hora fuimos a comprar el boleto y resulta que del precio que nos habían dado el día anterior ya había aumentado más de dos mil pesos, nos habían dicho que costaba 12 mil, pero al final nos costó  14,500 bolívares. El bote se suponía que salía a las siete, por lo que con mucho tiempo fuimos a comprar una empanadas para aguantar todo el viaje,  a las 6:30 ya estábamos listos para comenzar a embarcar, pero resulta que a esa hora se acerca uno de los trabajadores y nos dice que el barco iba a llegar hasta las 7:30, nosotros queríamos salir temprano para llegar a Isla Margarita y aprovechar algo del día,  pero al final tuvimos que hacer una larga espera, donde después de una hora ya estábamos de malas, entre cansados, mal dormidos y con la impotencia de no poder reclamarle a nadie. Al final el bote llegó como a las nueve y termino saliendo 9:30, en cuanto nos subimos al ferry  me quedé dormido, me vine despertando después de las 12, luego fuimos a dar una vuelta por el barquito y fue hasta casi las 3 que estábamos llegando a la Isla….

Miércoles 19 de Julio, 2017.
DIA DE VIAJE PESADO A LA VENEZOLANA.
Veníamos regresando de  Isla Margarita, y después de haber pasado la noche en medio del océano, a las 7 de la mañana estábamos llegando  tierra firme. De inmediato conseguimos un taxi para irnos a la terminal  de Puerto la Cruz pues ese mismo día  queríamos llegar hasta las playas de Tucaca, pensábamos que para la noche ya estaríamos allí durmiendo en el hotel donde nos habíamos hospedado la vez anterior.
Con esa idea en mente llegamos a la terminal y comenzamos a preguntar por buses para Valencia (que era el primer punto al que teníamos que ir), todas las oficinas que decían Valencia estaban cerradas con excepción de dos una que estaba por confirmar un bus pero hasta en la noche y otra que ofrecía  una buseta sin aire acondicionado y que salía a las 11,  nosotros queríamos salir cuanto antes así que tuvimos que comprar boletos para esa buseta, pues aunque nos retrasaba un poco, sentíamos que todavía alcanzábamos a llegar sobrados hasta nuestro destino final.  Teníamos más de dos horas de espera por lo que fuimos a la sala de espera con aire acondicionado pero no paso mucho tiempo en que llego un predicador a convertir esa sala en un templo moderno, con un sermón sin fundamentos, afortunadamente yo me perdí la primera parte de la dizque misa por que fui a comprar algo para comer, un tequeño y una rebanada de pizza con un jugo y un kilo de mamón (fruta local) por mil pesos. Para cuando volví me tocó el resto de la evangelizada, me daba  risa que cada que decía amen la mayoría de las personas contestaban fuerte y apasionadamente, hasta que de pronto salto un loco diciendo que respetara que no todos pensaban igual que él y el predicador y una señora que se puso loca comenzaron a gritar que la palabra del señor no la podía callar nadie, Julieta estaba harta con toda esta situación por lo que se fue a dar una vuelta mientras yo me quedaba cuidando las maletas, mientras escuchaba los disparates que decía el predicador. Luego de un rato salí cuando regreso Julieta, yo tuve que salir corriendo al baño pues las empanadas callejeras del día anterior  pedían a gritos salir de mi organismo, el baño público de la terminal no era tan malo como esperaba, pues aunque no había agua tenían cubetas de agua para que cada quien  limpiara sus desechos.  Poco antes de las once vinieron a avisar que ya estaba el bus para abordar,  ese fue el comienzo de un día en que todo salió mal. El bus era pequeñito e incómodo, apenas entrabamos en los asientos y adentro se sentía un calor infernal, pero cuando ya estábamos arriba se me ocurrió decir que iba a salir puntual pues faltaban 15 minutos para las 11 cuando ya estábamos todos arriba del bus, pero no, el transporte venezolano no funciona así. Cuando estábamos por arrancar de pronto comenzó la discusión de una señora que al parecer tenía boleto y no le habían respetado el lugar, discusiones y peleas, vendedores subiendo y bajando, otro peleando con la chica de la empresa, hasta que por fin y después de varios minutos de calor y sudor, se movió la buseta. Cuando parecía  que salía de la terminal otra vez lo mismo, vendedores, otro predicador, la señora que seguía reclamando ahora con dos jóvenes más que también argumentaban lo mismo, los choferes gritando, todavía hay tiempo para que se  suba un señor a cobrar la tasa de embarque 200 bolivianos por persona y otro para que anotara los nombres de todos los pasajeros,  y con un calor que cada minuto se sentía más sofocado. Al final salimos después de las 11:30, pero todavía faltaba salir de Puerto la Cruz, tardamos muchísimo pues el tráfico en la ciudad estaba muy denso, después de varios largos minutos por fin pudimos salir a la carretera y allí comenzó una lluvia intensa que comenzó a refrescar un poco el ambiente, pero que luego se convirtió en un factor negativo pues nos empezó a mojar todo, tuvimos que estar cerrando y abriendo las ventanas, y por otro lado también hizo que el autobús tuviera que ir mucho más lento.   Al mediodía el bus hizo una parada para comer, la lluvia en el lugar donde frenó  era parejita, una perfecta cortina de agua cayendo constantemente, nosotros no compramos nada  para comer solamente nos fumamos un cigarro, y fui al baño. Luego de un buen rato por fin salió el chofer, subimos de nueva cuenta y continuamos el trayecto entre ritmos de salsa y de reggeaton barato a todo volumen, cosa muy típica en todos los buses venezolanos. Posteriormente paro la salsa y pusieron a Maná a un volumen un poco más considerado lo cual hizo un poco más placentero esos momentos.  Para las 7 de la tarde que se suponía que  era la hora en que llegaríamos a Valencia, apenas íbamos cruzando Caracas por lo que todavía nos faltaban más de dos horas aproximadamente.  Apenas habíamos recorrido unos pocos kilómetros cuando me dieron ganas de orinar (cosa bastante seria porque en Venezuela concebir un  bus con baño es algo bastante difícil de encontrar), yo pensé que todavía me iba a tener que aguantar hasta Valencia pero no, el bus frenó a la salida de la capital a cargar gasolina, allí pude ir al baño pero la demora antes de salir nos seguía atrasando. Después de más de media hora el bus siguió su rumbo ya cayendo la noche, Julieta y yo analizábamos cuanto tiempo tendríamos y para no desesperarnos nos pusimos a jugar unos simples juegos de decir países, ciudades, frutas y demás cosas con las letras del abecedario. Como a las ocho y media  de la noche llegamos a Maracay,  solamente faltaba una media hora para llegar a Valencia y con esto todavía había esperanzas de llegar hasta Tucaca si las cosas se daban rápido, pero eso era mucho pedir en este país. El bus tardó unos diez minutos en volver a arrancar, se subieron más vendedores, y luego cuando parecía que ya nos íbamos el bus volvió a entrar a un anexo de la terminal para tratar de rellenar los asientos que habían quedado libres, mientras estábamos allí de pronto se escuchó un grito que decía: “Todos para abajo con sus cosas” al principio ningún pasajero entendía pero luego comprendimos que había que cambiarnos de autobús.  Cuando estábamos a mediar hora para llegar resulto que esa media hora la pasamos esperando en el nuevo bus. Este bus estaba en muy buenas condiciones, con asientos cómodos, con BAÑO, y con aire acondicionado, pero por solo media hora de viaje no era tan valioso y menos por que el aire acondicionado estaba absurdamente frío. El bus no salió pronto pues lo querían llenar,  nosotros  llevábamos todo el día viajando por lo que la desesperación y el coraje comenzaban a invadirnos. Por fin llegamos hasta Valencia después de las nueve, nos bajamos rápido y salimos a ver si podíamos conectar otro bus. Preguntamos y nos dijeron que estaba  por salir uno para Coro que quizá nos podía dejar pero que nos iba a cobrar los 15 mil que era la tarifa hasta Coro pero que tal vez nos podían dejar en Tucaccas. Cuando encontramos al chofer del bus hablamos con él, nos dijo si íbamos para Tucacas nos dejaba en plena carretera y que no hay nada cercano por allí. Nosotros no sabíamos que hacer, pensamos en la opción de pasar la noche y salir al siguiente día, pero  en eso nos dijeron que al siguiente día había paro nacional y no iba a haber nada de movimiento en la terminal. Por lo que en algún punto resolvimos que lo mejor era irnos hasta Coro donde ya habíamos estado con anterioridad y donde conocíamos  un buen hotel; para  cuando lo decidimos y le dijimos al chofer que nos íbamos hasta Coro nos dijo que ya no tenía lugares pues estaba esperando un bus de Caracas y que ya tenían apalabrados todos los asientos, pero que para no dejarnos tirados nos llevaba, pero teníamos que ir parados. Nosotros por la desesperación le dijimos que sí, pero el trayecto siguiente fue una verdadera pesadilla. Yo pensé que al menos me iba a poder sentar en el suelo pero había tanta gente y era tan estrecho el interior que no pude hacerlo así que me fui parado la mayor parte del tiempo, y otro tanto sentado en el cofre pero como quedaba de bajadita no me pude acomodar.  El chofer iba bastante rápido sin importarle que venía sobrecargado de pasajeros, y lo más sorprendente es que cuando nos frenaban los retenes de policía en vez de multar a chofer por llevar gente de más, terminaban por pedirle que llevara más gente, por lo que todavía fueron subiendo más pasajeros. En uno de los retenes se subió un policía e hizo que bajaran a revisar las maletas del baúl por lo que Julieta y Luis tuvieron que salir, yo estaba ya desesperado pues ya quería llegar, pero todavía alcance a ponerme nervioso de pensar que nos quisieran sacar algo para quitarnos el dinero que todavía teníamos, pero afortunadamente no pasó nada. Al final fueron todavía otras cuatro horas de trayecto por lo que llegamos alrededor de las tres de la mañana a Coro, nosotros estábamos muertos de cansancio, todavía tuvimos que tomar un taxi hasta el hotel, afortunadamente el encargado del turno de la noche en el hotel nos trató bien y al ver que veníamos tan cansado nos facilitó las cosas para que pudiéramos pasar rápidamente al cuarto para descansar.

Escrito por David Herrera González.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario