TRANSPORTE DE TERROR.
¿Qué hicimos para merecer esto? Nada, solamente estar en Venezuela.
*Fragmentos del Diario.
SEGUNDA PARTE
Miércoles 12 de Julio, 2017.
NO SOLO POR TIERRA HAY RETRAZOS Y
MALA ORGANIZACION, TAMBIEN EN EL MAR.
Nos levantamos a las 4 y media de
la mañana para salir de casa del Negro,
quien muy amablemente se despertó para despedirnos y para llamar al taxi que
nos iba a llevar al puerto. El taxi nos dejó en las oficinas del Navibus a las
cinco de la mañana, a esa hora fuimos a comprar el boleto y resulta que del
precio que nos habían dado el día anterior ya había aumentado más de dos mil
pesos, nos habían dicho que costaba 12 mil, pero al final nos costó 14,500 bolívares. El bote se suponía que
salía a las siete, por lo que con mucho tiempo fuimos a comprar una empanadas
para aguantar todo el viaje, a las 6:30
ya estábamos listos para comenzar a embarcar, pero resulta que a esa hora se
acerca uno de los trabajadores y nos dice que el barco iba a llegar hasta las
7:30, nosotros queríamos salir temprano para llegar a Isla Margarita y
aprovechar algo del día, pero al final
tuvimos que hacer una larga espera, donde después de una hora ya estábamos de
malas, entre cansados, mal dormidos y con la impotencia de no poder reclamarle
a nadie. Al final el bote llegó como a las nueve y termino saliendo 9:30, en
cuanto nos subimos al ferry me quedé
dormido, me vine despertando después de las 12, luego fuimos a dar una vuelta
por el barquito y fue hasta casi las 3 que estábamos llegando a la Isla….
Miércoles 19 de Julio, 2017.
DIA DE VIAJE PESADO A LA
VENEZOLANA.
Veníamos regresando de Isla Margarita, y después de haber pasado la
noche en medio del océano, a las 7 de la mañana estábamos llegando tierra firme. De inmediato conseguimos un
taxi para irnos a la terminal de Puerto
la Cruz pues ese mismo día queríamos
llegar hasta las playas de Tucaca, pensábamos que para la noche ya estaríamos
allí durmiendo en el hotel donde nos habíamos hospedado la vez anterior.
Con esa idea en mente llegamos a
la terminal y comenzamos a preguntar por buses para Valencia (que era el primer
punto al que teníamos que ir), todas las oficinas que decían Valencia estaban
cerradas con excepción de dos una que estaba por confirmar un bus pero hasta en
la noche y otra que ofrecía una buseta
sin aire acondicionado y que salía a las 11,
nosotros queríamos salir cuanto antes así que tuvimos que comprar
boletos para esa buseta, pues aunque nos retrasaba un poco, sentíamos que
todavía alcanzábamos a llegar sobrados hasta nuestro destino final. Teníamos más de dos horas de espera por lo
que fuimos a la sala de espera con aire acondicionado pero no paso mucho tiempo
en que llego un predicador a convertir esa sala en un templo moderno, con un
sermón sin fundamentos, afortunadamente yo me perdí la primera parte de la
dizque misa por que fui a comprar algo para comer, un tequeño y una rebanada de
pizza con un jugo y un kilo de mamón (fruta local) por mil pesos. Para cuando
volví me tocó el resto de la evangelizada, me daba risa que cada que decía amen la mayoría de
las personas contestaban fuerte y apasionadamente, hasta que de pronto salto un
loco diciendo que respetara que no todos pensaban igual que él y el predicador
y una señora que se puso loca comenzaron a gritar que la palabra del señor no
la podía callar nadie, Julieta estaba harta con toda esta situación por lo que
se fue a dar una vuelta mientras yo me quedaba cuidando las maletas, mientras escuchaba
los disparates que decía el predicador. Luego de un rato salí cuando regreso
Julieta, yo tuve que salir corriendo al baño pues las empanadas callejeras del
día anterior pedían a gritos salir de mi
organismo, el baño público de la terminal no era tan malo como esperaba, pues
aunque no había agua tenían cubetas de agua para que cada quien limpiara sus desechos. Poco antes de las once vinieron a avisar que
ya estaba el bus para abordar, ese fue
el comienzo de un día en que todo salió mal. El bus era pequeñito e incómodo,
apenas entrabamos en los asientos y adentro se sentía un calor infernal, pero
cuando ya estábamos arriba se me ocurrió decir que iba a salir puntual pues
faltaban 15 minutos para las 11 cuando ya estábamos todos arriba del bus, pero
no, el transporte venezolano no funciona así. Cuando estábamos por arrancar de
pronto comenzó la discusión de una señora que al parecer tenía boleto y no le
habían respetado el lugar, discusiones y peleas, vendedores subiendo y bajando,
otro peleando con la chica de la empresa, hasta que por fin y después de varios
minutos de calor y sudor, se movió la buseta. Cuando parecía que salía de la terminal otra vez lo mismo,
vendedores, otro predicador, la señora que seguía reclamando ahora con dos
jóvenes más que también argumentaban lo mismo, los choferes gritando, todavía
hay tiempo para que se suba un señor a
cobrar la tasa de embarque 200 bolivianos por persona y otro para que anotara los
nombres de todos los pasajeros, y con un
calor que cada minuto se sentía más sofocado. Al final salimos después de las
11:30, pero todavía faltaba salir de Puerto la Cruz, tardamos muchísimo pues el
tráfico en la ciudad estaba muy denso, después de varios largos minutos por fin
pudimos salir a la carretera y allí comenzó una lluvia intensa que comenzó a
refrescar un poco el ambiente, pero que luego se convirtió en un factor
negativo pues nos empezó a mojar todo, tuvimos que estar cerrando y abriendo
las ventanas, y por otro lado también hizo que el autobús tuviera que ir mucho
más lento. Al mediodía el bus hizo una
parada para comer, la lluvia en el lugar donde frenó era parejita, una perfecta cortina de agua
cayendo constantemente, nosotros no compramos nada para comer solamente nos fumamos un cigarro, y
fui al baño. Luego de un buen rato por fin salió el chofer, subimos de nueva
cuenta y continuamos el trayecto entre ritmos de salsa y de reggeaton barato a
todo volumen, cosa muy típica en todos los buses venezolanos. Posteriormente paro
la salsa y pusieron a Maná a un volumen un poco más considerado lo cual hizo un
poco más placentero esos momentos. Para las
7 de la tarde que se suponía que era la
hora en que llegaríamos a Valencia, apenas íbamos cruzando Caracas por lo que
todavía nos faltaban más de dos horas aproximadamente. Apenas habíamos recorrido unos pocos kilómetros
cuando me dieron ganas de orinar (cosa bastante seria porque en Venezuela
concebir un bus con baño es algo
bastante difícil de encontrar), yo pensé que todavía me iba a tener que
aguantar hasta Valencia pero no, el bus frenó a la salida de la capital a
cargar gasolina, allí pude ir al baño pero la demora antes de salir nos seguía atrasando.
Después de más de media hora el bus siguió su rumbo ya cayendo la noche,
Julieta y yo analizábamos cuanto tiempo tendríamos y para no desesperarnos nos
pusimos a jugar unos simples juegos de decir países, ciudades, frutas y demás
cosas con las letras del abecedario. Como a las ocho y media de la noche llegamos a Maracay, solamente faltaba una media hora para llegar a
Valencia y con esto todavía había esperanzas de llegar hasta Tucaca si las
cosas se daban rápido, pero eso era mucho pedir en este país. El bus tardó unos
diez minutos en volver a arrancar, se subieron más vendedores, y luego cuando
parecía que ya nos íbamos el bus volvió a entrar a un anexo de la terminal para
tratar de rellenar los asientos que habían quedado libres, mientras estábamos allí
de pronto se escuchó un grito que decía: “Todos para abajo con sus cosas” al
principio ningún pasajero entendía pero luego comprendimos que había que
cambiarnos de autobús. Cuando estábamos a
mediar hora para llegar resulto que esa media hora la pasamos esperando en el
nuevo bus. Este bus estaba en muy buenas condiciones, con asientos cómodos, con
BAÑO, y con aire acondicionado, pero por solo media hora de viaje no era tan
valioso y menos por que el aire acondicionado estaba absurdamente frío. El bus
no salió pronto pues lo querían llenar,
nosotros llevábamos todo el día
viajando por lo que la desesperación y el coraje comenzaban a invadirnos. Por
fin llegamos hasta Valencia después de las nueve, nos bajamos rápido y salimos
a ver si podíamos conectar otro bus. Preguntamos y nos dijeron que estaba por salir uno para Coro que quizá nos podía
dejar pero que nos iba a cobrar los 15 mil que era la tarifa hasta Coro pero
que tal vez nos podían dejar en Tucaccas. Cuando encontramos al chofer del bus hablamos
con él, nos dijo si íbamos para Tucacas nos dejaba en plena carretera y que no
hay nada cercano por allí. Nosotros no sabíamos que hacer, pensamos en la
opción de pasar la noche y salir al siguiente día, pero en eso nos dijeron que al siguiente día había
paro nacional y no iba a haber nada de movimiento en la terminal. Por lo que en
algún punto resolvimos que lo mejor era irnos hasta Coro donde ya habíamos estado
con anterioridad y donde conocíamos un buen
hotel; para cuando lo decidimos y le
dijimos al chofer que nos íbamos hasta Coro nos dijo que ya no tenía lugares
pues estaba esperando un bus de Caracas y que ya tenían apalabrados todos los
asientos, pero que para no dejarnos tirados nos llevaba, pero teníamos que ir
parados. Nosotros por la desesperación le dijimos que sí, pero el trayecto siguiente
fue una verdadera pesadilla. Yo pensé que al menos me iba a poder sentar en el
suelo pero había tanta gente y era tan estrecho el interior que no pude hacerlo
así que me fui parado la mayor parte del tiempo, y otro tanto sentado en el
cofre pero como quedaba de bajadita no me pude acomodar. El chofer iba bastante rápido sin importarle
que venía sobrecargado de pasajeros, y lo más sorprendente es que cuando nos
frenaban los retenes de policía en vez de multar a chofer por llevar gente de
más, terminaban por pedirle que llevara más gente, por lo que todavía fueron
subiendo más pasajeros. En uno de los retenes se subió un policía e hizo que
bajaran a revisar las maletas del baúl por lo que Julieta y Luis tuvieron que
salir, yo estaba ya desesperado pues ya quería llegar, pero todavía alcance a
ponerme nervioso de pensar que nos quisieran sacar algo para quitarnos el
dinero que todavía teníamos, pero afortunadamente no pasó nada. Al final fueron
todavía otras cuatro horas de trayecto por lo que llegamos alrededor de las
tres de la mañana a Coro, nosotros estábamos muertos de cansancio, todavía
tuvimos que tomar un taxi hasta el hotel, afortunadamente el encargado del
turno de la noche en el hotel nos trató bien y al ver que veníamos tan cansado
nos facilitó las cosas para que pudiéramos pasar rápidamente al cuarto para
descansar.
Escrito por David
Herrera González.
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