TRANSPORTE DE TERROR.
¿Qué hicimos para merecer esto?
Nada, solamente estar en Venezuela.
La realidad es que Venezuela atraviesa por un momento muy delicado, donde la problemática política está afectando a la sociedad en su vida diaria. Uno de los rubros donde esto es bastante claro es en el transporte, donde la desorganización en todos los aspectos de las empresas transportistas ocasiona que la gente tenga muchos problemas para desplazarse.
Nosotros estuvimos un poco más de
un mes recorriendo Venezuela, y como en
todos los demás países rápidamente terminábamos por formar parte de la vida y
el ritmo natural de la gente. Después de haber recorrido 15 países y de haber
tomado interminable cantidad de autobuses, nos enfrentamos ante el peor ejemplo de movilidad en
Latinoamérica, con las peores condiciones y con una desorganización digna de
criticarse. Para moverte de una ciudad a otra hay que estar dispuestos a
enfrentarse con cualquier cosa, situaciones que inimaginables terminan
ocurriendo, uno como pasajero sabe que se va, pero nunca con certeza, si uno va
a volver. La aventura a la que nos
enfrentamos la última semana para salir de Venezuela exigió un estado de
autocontrol y de paciencia a la que no me había sometido en todo lo que
llevábamos de viaje, al final termine exhausto, y eso que yo solo estuve unos días
en Venezuela, imagínense la gente que tiene que
lidiar con esto todos los días de su vida.
Con esto no quiero decir que todo
fue negativo, pues como siempre pasa en los viajes, uno siempre se encuentra
con gente linda, gente que nos recibió en sus casas y que nos trataban de
simplificar las cosas; gente con la que tocó compartir viajes dentro del bus
con los que la plática y la buena onda terminaron por unirnos como si fuéramos
conocidos de toda la vida. Y aunque la experiencia del transporte no fue la
mejor me quedo con una frase que escribí en mi diario con respecto a la actitud
de la gente: “El cariño y la protección que nos brinda la gente linda de este
país no se compra ni con todos los paquetes de billetes de 100 bolívares, y como me dijo Ita, las cosas no pasan, suceden. Nosotros los
latinos somos hermanos, somos familia y como tal hay que tratarnos.”
El propósito de dedicar una
columna al transporte venezolano es mostrar lo crudo de la situación actual,
así como sacar un poco todo ese coraje e impotencia que a la que me vi
sometido varias veces. Para ejemplificar
un poco esos momentos difíciles voy a tomar algunos fragmentos de mi diario
personal que fue donde comencé a referirme a este tema como “El Transporte del
Terror “.
*Fragmentos del Diario.
PRIMERA PARTE.
Miércoles 21 de Junio, 2017.
BIENVENIDA VENEZUELA. Por fin el
sueño de entrar a ese tan mal nombrado país se estaba dando.
…Para las cuatro de la tarde ya
habíamos cruzado la frontera, así que ahora había que tomar el transporte hasta
San Cristóbal. Nos habían dicho de tomar un bus desde la frontera, pero como había
mucha gente esperando al final optamos por tomar un taxi, nos cobró 50 mil
bolívares y al final nos salió un poco más barato pues se nos anexo una chica
quien nos coopero con 8 mil. Nos subimos
todos al taxi y luego fuimos rumbo a San Cristóbal, en algún punto el conductor
nos dijo que si teníamos nuestros pasaportes a
la mano pues íbamos a pasar un
puesto de control militar. Pasamos por
el control militar nos pidieron las
identificaciones y al ver que éramos extranjeros nos hicieron pasar a revisión.
La revisión fue la más exhaustiva que he tenido en toda mi vida, en ninguna
frontera nos habían tratado así. La oficial militar nos revisó hasta el último detalle, en las maletas metió la mano en todos los
rincones, hasta en la bolsa de la ropa interior, luego nos revisó papel por
papel la cartera y las bolsas de mano. Cuando vio que traíamos dólares de
inmediato comenzó a pedir apoyo para que vinieran oficiales hombres para que
nos revisaran en privado. A un cuartito nos
fueron pasando de uno por uno, primero Luis, luego yo y finalmente la oficial
revisó a Julieta, a cada uno por
separado nos hicieron desnudarnos para revisarnos, una situación por demás
denigrante, pues en el fondo ellos solo lo hacían con la intención de quitarnos
los dólares. Militares corruptos que nos hicieron pasar un muy mal rato, a mí
en algún punto de la revisión me dijeron así sin más, que le dejara 20 dólares,
y de allí nunca quito la mirada de los billetes, al final yo me lo pude quitar
de encima cooperándole con los 6 mil pesos colombianos con los que habíamos
salido de Colombia (2 dólares), los cuales me dio mucho coraje tener que
dejárselos, pero sabía que con eso ya nos iban a dejar ir. Unos verdaderos
miserables, sinvergüenzas.
De allí ya cansados y con hambre
seguimos nuestro trayecto hasta San Cristóbal, mientras platicábamos con el
chofer y con la chica venezolana que venía con nosotros, en algún punto paso
frente a nosotros un operativo del Cuerpo
de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), quien es el
principal organismo de investigaciones penales de Venezuela, con un montón de
motos por delante y grandes patrullas por atrás, el miedo se incrementó cuando
el taxista y la chica que iba en el taxi comenzaron a platicar historias
relacionadas con la violencia y las injusticias que se viven día con día en el
país. Al final el taxi nos dejó en un
hotel bastante precario a las afueras de la terminal, le pagamos con varios montones de billetes de a cien y decidimos que nunca más volveríamos a tomar un
taxi para viajar de una ciudad a otra, pues sabíamos que viajando de esa manera
seriamos presa fácil para que en los incalculables retenes nos quisieran quitar
nuestros dólares.
Viernes 7 de Julio, 2017.
CAMBIO DE PLANES. NOCHE EN LA
PRISION EN MARACAY.
…. Después de dos horas de camino
llegamos a Maracay, eran como las cinco de la tarde y nosotros veníamos con la
idea de comprar los boletos del bus para tenerlos seguros, ir a comer algo y
luego viajar de noche rumbo a Puerto la Cruz. Para cuando llegamos a la
terminal indicada, comenzamos a preguntar por salidas para la noche, pero en
todas las oficinas la respuesta era negativa y muy poco amigable, nosotros
habíamos preguntado antes sobre los horarios, pero resulta que por las marchas
y los paros en el transporte los autobuses del día ya estaba sobrevendidos y
solamente había lugares hasta la siguiente mañana. En ese momento nos cambiaron
por completo los planes por lo que tuvimos que replantearnos que hacer,
intentamos mover las piezas para irnos a Valencia a ver si allá corríamos con suerte
de encontrar algún bus desde allá, pero al final no salió nada. Al final
tuvimos que comprar los boletos para el bus que salía el siguiente día a las 7
de la mañana, y luego nos dispusimos a encontrar un hospedaje donde pasar la
noche, Luis se fue a preguntar y consiguió un hotel por 17 mil bolívares por un
cuarto triple, el hotel era como una prisión fea y deprimente, el que atendía
era un tipo parecido a “Tiba”, pero al no tener otra opción tuvimos que instalarnos
allí. Una vez instalados salimos a comer algo antes que nos cayera la noche
pues la zona se veía bastante peligrosa para andar deambulando por allí. Dimos una vuelta y solo encontramos una parrillada
clandestina, no estaba para nada rica, pero era lo único que había, allí
comenzaron a amenazar de muerte al dueño del puestito, por lo que en cuanto
terminamos de comer nos volvimos de inmediato al hotel donde no corríamos peligro
y donde pasaríamos la noche para al siguiente día muy tempranito salir a tomar
el bus.
Escrito por David
Herrera González.
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