lunes, 4 de septiembre de 2017

106. TRANSPORTE DE TERROR. (PRIMERA PARTE)



TRANSPORTE DE TERROR. 
¿Qué hicimos para merecer esto?
Nada, solamente estar en Venezuela.


La realidad es que Venezuela atraviesa por un momento muy delicado, donde la problemática política está afectando a la sociedad en su vida diaria. Uno de los rubros donde esto es bastante claro es en el transporte, donde la desorganización en todos los aspectos de las empresas transportistas ocasiona que la gente tenga muchos problemas para desplazarse.
Nosotros estuvimos un poco más de un mes recorriendo  Venezuela, y como en todos los demás países rápidamente terminábamos por formar parte de la vida y el ritmo natural de la gente. Después de haber recorrido 15 países y de haber tomado interminable cantidad de autobuses, nos enfrentamos  ante el peor ejemplo de movilidad en Latinoamérica, con las peores condiciones y con una desorganización digna de criticarse. Para moverte de una ciudad a otra hay que estar dispuestos a enfrentarse con cualquier cosa, situaciones que inimaginables terminan ocurriendo, uno como pasajero sabe que se va, pero nunca con certeza, si uno va a volver.  La aventura a la que nos enfrentamos la última semana para salir de Venezuela exigió un estado de autocontrol y de paciencia a la que no me había sometido en todo lo que llevábamos de viaje, al final termine  exhausto, y eso que yo solo estuve unos días en Venezuela, imagínense la gente que tiene que  lidiar con esto todos los días de su vida.
Con esto no quiero decir que todo fue negativo, pues como siempre pasa en los viajes, uno siempre se encuentra con gente linda, gente que nos recibió en sus casas y que nos trataban de simplificar las cosas; gente con la que tocó compartir viajes dentro del bus con los que la plática y la buena onda terminaron por unirnos como si fuéramos conocidos de toda la vida. Y aunque la experiencia del transporte no fue la mejor me quedo con una frase que escribí en mi diario con respecto a la actitud de la gente: “El cariño y la protección que nos brinda la gente linda de este país no se compra ni con todos los paquetes de billetes de  100 bolívares, y como me dijo Ita, las cosas no pasan, suceden. Nosotros los latinos somos hermanos, somos familia y como tal hay que tratarnos.”
El propósito de dedicar una columna al transporte venezolano es mostrar lo crudo de la situación actual, así como sacar un poco todo ese coraje e impotencia que a la que me vi sometido  varias veces. Para ejemplificar un poco esos momentos difíciles voy a tomar algunos fragmentos de mi diario personal que fue donde comencé a referirme a este tema como “El Transporte del Terror “.
*Fragmentos del Diario.
PRIMERA PARTE.
Miércoles 21 de Junio, 2017.
BIENVENIDA VENEZUELA. Por fin el sueño de entrar a ese tan mal nombrado país se estaba dando.
…Para las cuatro de la tarde ya habíamos cruzado la frontera, así que ahora había que tomar el transporte hasta San Cristóbal. Nos habían dicho de tomar un bus desde la frontera, pero como había mucha gente esperando al final optamos por tomar un taxi, nos cobró 50 mil bolívares y al final nos salió un poco más barato pues se nos anexo una chica quien nos coopero con 8 mil.  Nos subimos todos al taxi y luego fuimos rumbo a San Cristóbal, en algún punto el conductor nos dijo que si teníamos nuestros pasaportes a  la mano pues íbamos  a pasar un puesto de control militar.  Pasamos por el control militar  nos pidieron las identificaciones y al ver que éramos extranjeros nos hicieron pasar a revisión. La revisión fue la más exhaustiva que he tenido en toda mi vida, en ninguna frontera nos habían tratado así. La oficial militar  nos revisó hasta el último detalle,  en las maletas metió la mano en todos los rincones, hasta en la bolsa de la ropa interior, luego nos revisó papel por papel la cartera y las bolsas de mano. Cuando vio que traíamos dólares de inmediato comenzó a pedir apoyo para que vinieran oficiales hombres para que nos revisaran en privado.  A un cuartito nos fueron pasando de uno por uno, primero Luis, luego yo y finalmente la oficial revisó a Julieta,  a cada uno por separado nos hicieron desnudarnos para revisarnos, una situación por demás denigrante, pues en el fondo ellos solo lo hacían con la intención de quitarnos los dólares. Militares corruptos que nos hicieron pasar un muy mal rato, a mí en algún punto de la revisión me dijeron así sin más, que le dejara 20 dólares, y de allí nunca quito la mirada de los billetes, al final yo me lo pude quitar de encima cooperándole con los 6 mil pesos colombianos con los que habíamos salido de Colombia (2 dólares), los cuales me dio mucho coraje tener que dejárselos, pero sabía que con eso ya nos iban a dejar ir. Unos verdaderos miserables, sinvergüenzas.
De allí ya cansados y con hambre seguimos nuestro trayecto hasta San Cristóbal, mientras platicábamos con el chofer y con la chica venezolana que venía con nosotros, en algún punto paso frente a nosotros un  operativo del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), quien es el principal organismo de investigaciones penales de Venezuela, con un montón de motos por delante y grandes patrullas por atrás, el miedo se incrementó cuando el taxista y la chica que iba en el taxi comenzaron a platicar historias relacionadas con la violencia y las injusticias que se viven día con día en el país.  Al final el taxi nos dejó en un hotel bastante precario a las afueras de la terminal, le pagamos con  varios montones de billetes de a cien y  decidimos que nunca más volveríamos a tomar un taxi para viajar de una ciudad a otra, pues sabíamos que viajando de esa manera seriamos presa fácil para que en los incalculables retenes nos quisieran quitar nuestros dólares.

Viernes 7 de Julio, 2017.
CAMBIO DE PLANES. NOCHE EN LA PRISION EN MARACAY.
…. Después de dos horas de camino llegamos a Maracay, eran como las cinco de la tarde y nosotros veníamos con la idea de comprar los boletos del bus para tenerlos seguros, ir a comer algo y luego viajar de noche rumbo a Puerto la Cruz. Para cuando llegamos a la terminal indicada, comenzamos a preguntar por salidas para la noche, pero en todas las oficinas la respuesta era negativa y muy poco amigable, nosotros habíamos preguntado antes sobre los horarios, pero resulta que por las marchas y los paros en el transporte los autobuses del día ya estaba sobrevendidos y solamente había lugares hasta la siguiente mañana. En ese momento nos cambiaron por completo los planes por lo que tuvimos que replantearnos que hacer, intentamos  mover las piezas para irnos  a Valencia a ver si allá corríamos con suerte de encontrar algún bus desde allá, pero al final no salió nada. Al final tuvimos que comprar los boletos para el bus que salía el siguiente día a las 7 de la mañana, y luego nos dispusimos a encontrar un hospedaje donde pasar la noche, Luis se fue a preguntar y consiguió un hotel por 17 mil bolívares por un cuarto triple, el hotel era como una prisión fea y deprimente, el que atendía era un tipo parecido a “Tiba”, pero al no tener otra opción tuvimos que instalarnos allí. Una vez instalados salimos a comer algo antes que nos cayera la noche pues la zona se veía bastante peligrosa para andar deambulando por allí.  Dimos una vuelta  y solo encontramos una parrillada clandestina, no estaba para nada rica, pero era lo único que había, allí comenzaron a amenazar de muerte al dueño del puestito, por lo que en cuanto terminamos de comer nos volvimos de inmediato al hotel donde no corríamos peligro y donde pasaríamos la noche para al siguiente día muy tempranito salir a tomar el bus.

Escrito por David Herrera González.








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