miércoles, 6 de septiembre de 2017

106. TRANSPORTE DE TERROR. TERCERA Y ÚLTIMA PARTE.



TRANSPORTE DE TERROR. 
Hermanos Venezolanos.
De las crisis y desgracias siempre sale lo mejor y lo peor de uno.
Lo primero siempre es lo que ayuda a salir  adelante.

*Fragmentos del Diario.
TERCERA Y ÚLTIMA PARTE.
Viernes 21 de Julio, 2017. ¡ SE VIENE LA GUERRA ! : OTRO DIA DE TERROR EN LOS BUSES VENEZOLANOS.
Julieta había pasado una noche de perro pues se había intoxicado con la hamburguesa que había comido el día anterior. Había que ver que íbamos a hacer, el plan era salir ya rumbo a Mérida.
Luis  y yo fuimos a almorzar con las señoras de las arepas,  luego volvimos al hotel y como teníamos que dejar la habitación a la una, decidimos salir a esa hora a la terminal para preguntar por los pasajes, el calor era intenso pero afortunadamente no tuvimos que caminar mucho. Cuando entrabamos a la terminal Luis dijo que ahora si se venía la parte difícil pues había que acercarnos a preguntar por los pasajes sabiendo que nos podían contestar con lo que fuera pues ya estábamos desconfiados con todo lo que nos había venido sucediendo los últimos días.  En la primera oficina nos dijeron que fuéramos al siguiente pasillo pero que ellos creían que no íbamos a encontrar. Caminamos hasta la oficina que tenía el letrero de “Mérida”, el tipo nos atendió de mala manera, nos dijo que había un bus a las cinco de la tarde pero que ya no tenía lugares.-ni para hoy, ni para mañana, el próximo sale el domingo-. Ante esta situación yo rápidamente comencé a maquinar en la cabeza cómo le podíamos hacer para movernos, ya nos urgía salir pues el día de las votaciones estaba cada vez más cerca y las malas experiencias ya nos hacían desear estar del lado colombiano, así que le propuse a Luis que al menos avanzáramos hasta Maracaibo, que aunque era un destino que nos desviaba un poco, al final nos terminaba acercando más a Mérida y luego  a la frontera. Luis dijo que le parecía bien por lo que fuimos a preguntar por las busetas, nos dijeron que costaba ocho mil y que salían hasta las tres de la tarde y luego otro chico dijo que hasta las cuatro.  Como ya era más de las dos volvimos a paso veloz al  hotel, allí le informamos a Julieta y ella de inmediato se contactó con la mamá de Jesús, nuestro amigo que habíamos conocido en Bariloche, quienes ya nos habían ofrecido recibirnos, Sorayda contesto el teléfono y aunque no se escuchaba muy claramente ella amablemente nos ofreció su casa. Dejamos el hotel y salimos en taxi con nuestras maletas, una vez en la terminal fuimos a tomar la buseta. Había mucha gente, y filas interminables en los andenes, pero la buseta que iba para Maracaibo no tenía tanta fila pero si un amontonamiento de gente afuera,  entre empujones pudimos subirnos, agarramos lugar y acomodamos las maletas.  Poco antes de arrancar llego el típico señor que toma los datos de los pasajeros y comenzó a cobrar la tasa de embarque, la gente comenzó a pelear con él ¡animal! ese, al final nosotros le pagamos cien pesos cada uno para evitar la discusión. Unos minutos después cuando vinieron a cobrarnos el pasaje el ayudante del chofer se quiso aprovechar de la situación y cobrarnos  nueve mil, pero le dijimos que nos habían dicho que ocho, y que solo daríamos esa cantidad, el resto de los pasajeros nos apoyó y al final solo pagamos ocho mil. Después de un rato salió el bus y la odisea del día estaba por comenzar. No habían pasado ni dos horas cuando el bus se  frenó. Nosotros pensamos: ¿y ahora qué? , pues era para comer.  Después de eso seguimos el trayecto totalmente obstaculizado por los policías acostados (topes) y con una muy exagerada cantidad de retenes de todo tipo, militares, policías, guardias bolivarianos que nos hacían frenar que en algunos nos revisaban los documentos y en otros incluso las maletas, pero afortunadamente no nos hicieron problema alguno.  Pero la pero la peor parte estaba por venir, pues cuando estábamos como a una hora y media de Maracaibo, en el kilómetro 42,  el bus se tuvo que desviar de la carretera pues estaba trancada por una manifestación de la oposición. El bus tomó un camino de ripio en pésimas condiciones, pero eso al chofer no le importo pues siguió manejando a una velocidad por demás imprudente. Avanzamos por más de media hora hasta que el chofer atino con pegarle a un bache pronunciado,  se escuchó que algo tronó y sin previo aviso el vehículo dejo de funcionar, el chofer y su ayudante se bajaron inmediatamente y luego conforme fuimos entendiendo, nos bajamos el resto de los pasajeros. 
Eran ya más de las seis de la tarde, el bus estaba descompuesto en medio de la nada,  y el chofer  y  su ayudante no hacían ningún esfuerzo por solucionar el problema, hasta que se apareció una buseta que tenía unos espacios libres, pero donde solo alcanzaron a mandar a algunos pasajeros, nosotros como teníamos maletas grandes no alcanzamos a entrar. Al  final nos quedamos allí varados  un grupo selecto de unas 12 personas, un par de ellas con bebes en brazos y otros con mucho equipaje, como nosotros.  Los minutos comenzaron a pasar sin ninguna novedad, después de un rato nos cayó la noche,  y con ella los mosquitos comenzaron a salir.  La incertidumbre comenzó a invadir mi cabeza pues no veía ninguna solución posible, y menos al ver la poco iniciativa del chofer por hacer algo. En algún punto Luis despotricó contra el chofer, pero a él parecía no importarle pues decía que no era  su culpa que se haya descompuesto el autobús. Entre la gente que permanecía con nosotros estaban un señor de raza negra con su niño pequeño “Bryan” quien desesperado comenzaba a decir que su niño no había comido nada desde en la mañana y que ya se quería ir, nosotros le convidamos un poco de fruta que solo era suficiente como para darle un poco de azúcar a la pobre cría. Por el desolado camino solo pasaban unos cuantos automóviles, camiones de carga y motocicletas y ninguno se inquietaba siquiera de vernos atorados en medio de la nada.  Ya a obscuras comenzamos a interactuar con el resto de los pasajeros, comenzamos a entender que estábamos solos y que teníamos que permanecer unidos en caso de cualquier cosa que fuera a pasar, pareciera que de las crisis a veces sale el lado más humano de las personas. Ya con la desesperación a flor de piel comenzamos a exigirle al chofer que hiciera algo, en eso paso una camioneta y el ayudante  fue a hablar con el conductor, después de unos minutos  regreso con la noticia de que el señor de la camioneta nos   llevaría de regreso hasta el retén del km 42, justamente el punto donde el bus había virado unas horas antes al encontrarse con el camino cerrado. La opción no era la mejor,  pero era algo así que había que alistarnos para irnos, pero nunca imaginamos que lo peor estaba por llegar. Todos estábamos desesperados y con mucha hambre, Julieta no había comido nada en todo el día, los mosquitos ya nos habían dejado varios piquetes, se nos había terminado el agua para tomar y el chofer todavía estaba negociando con la camioneta para pagarle menos para que nos sacara de allí. La camioneta era una carcancha (como es costumbre acá en Venezuela) con la parte de atrás tapada con un techo de fibra de vidrio del año del caldo, pero en esos momentos representaba nuestra única opción de salir de allí y por lo tanto pensamos que al menos avanzar era algo bueno.  De allí se vinieron una serie de acontecimientos bastante delicados, momentos intensos donde por momentos no sabía si iba a morir o si ya estaba muerto. Primero subieron a la gente, al grito de “mujeres y  niños primero” como si estuviéramos en plena guerra,  arriba de la caja  nos apretamos todos, Luis, Julieta y yo  alcanzamos  a entrar sentados junto con la gente que iba con niños en brazos,  pero todavía había que meter a cuatro personas más y el resto de las maletas, incluyendo un televisor antiguo que traía una de las señoras con bebé. Cuando estábamos arriba de la caja comenzó a encerrarse el calor, los bebes comenzaron a llorar, y con eso la situación comenzó a tornarse más turbia. Las cosas que no cabían las comenzaron a poner en el techo de fibra de vidrio, y luego se les ocurrió mandar arriba unos pesadísimos rines del autobús, yo estaba concentrado en respirar cuando escuche que Luis gritó desesperadamente: ¡SE VA A ROMPER, DEJEN DE TIRAR COSAS ARRIBA!  No  me había percatado que pasaba, pero en un instante vi cómo  se comenzaba a doblar hacia dentro la cubierta de fibra de vidrio, amenazando con tirarnos encima la enorme maleta y los rines, cosa que fácilmente nos podía partir la cabeza en dos. Los que estaban afuera, con su imprudencia característica, pensaban que estábamos exagerando, pero si eso se venía abajo podía matar a cualquiera de nosotros incluyendo a los bebés. Yo gritaba  como desesperado que nos iban a  matar, que bajaran las cosas. En eso se percataron que no íbamos a permitir que siguieran subiendo cosas, por lo que comenzaron a reacomodar las cosas bajaron las cosas pesadas y peligrosas y solo dejaron algunos bultos menores arriba y mandaron el resto de las maletas encima de nosotros, yo tuve que llevar el televisor y una maleta sobre mis piernas  todo el trayecto, pero por fin había arrancado la camioneta, con tres tipos y una chica colgados de la caja, la chica de vez en cuando le ayudaba a la señora del bebe a echarle aire a la creatura de dos meses con una manta, el papá de  Bryan seguía quejándose de que el nene tenía hambre y que no había comido nada desde en la mañana, Julieta tenía lágrimas en los ojos, y yo solamente  me concentraba en no dejarme caer.
El trayecto no lo sentí tan largo, supongo que porque pensaba que iba a ser eterno. Para cuando  llegamos al km 42, el panorama era perfecto para una escena de guerra o para una película de zombis, con filas de autos parados, gente en las orillas, arboles tirados bloqueando el camino, militares caminando con sus armas en mano, y a escasos 200 metros gente protestando entre gritos y escombros prendidos en fuego. La incertidumbre y el nerviosismo comenzaron a atacarme, yo veía que los militares caminaban alrededor de la zona y pensaba que en cualquier momento estallaba la guerra, incluso le dije a Julieta que se pusiera lista por si había que correr, la mejor opción parecía meternos al campo a tratar de perdernos entre la maleza.
Yo no sabía si estaba exagerando al pensar eso, pero había que estar preparados para todo,  de pronto se acercó el ayudante del chofer y nos dijo que había conseguido un bus donde nos llevarían a unos cuantos pero no  a todos, nos acercamos entre la fila de autos, llegamos al bus y  los propios pasajeros nos dijeron que el bus iba lleno que había que ir parados, nosotros con todas las maletas y yo cargando con el televisor de la señora con la niña de dos meses. Luego afortunadamente nos dijeron que nos bajáramos y nos fuéramos a otro bus que venía vacío, el cual nos subió de inmediato. Para esos momentos ya  habíamos comprado una botella de agua y cigarros, le regalamos los últimos mamones a Brayan, y cuando nos disponíamos a fumarnos  un cigarro sorpresivamente se levantó la tranca, el chofer del bus inmediatamente arranco sin importarle si alguien se quedaba y se fue todo el camino a alta velocidad,  rebaso autos, camiones y todo lo que se le puso enfrente hasta llegar al emblemático puente a la entrada de Maracaibo.  Al final y después de desviarse por otro tranca dentro de la ciudad, el bus nos dejó en la terminal de Maracaibo, donde nos despedimos de nuestros  amigos e incluso intercambiamos teléfono con el papá de Bryan. De allí tomamos un taxi hasta un punto donde ya nos esperaba Soraida y Mario, los papás de Jesús.  Ya eran más de las 10 de la noche para cuando llegamos,  estábamos exhaustos, pero afortunadamente estábamos sanos y salvos. Luego la recompensa llegó con el traro que nos dieron en Maracaibo, nos ofrecieron una copita de ron para pasar el trago amargo  y  posteriormente unas exquisitas arepas con caraota. En la noche cuando estaba acostada hice una oración en agradecimiento por haber concluido el día, y pedí por que las cosas en Venezuela mejoren cuanto antes….
 
 
Los días siguientes continuamos  nuestro viaje hacia la frontera con Colombia la experiencia siguió siendo ruda pero de a poco fuimos avanzando, el día que salimos de Colombia, yo agradecí infinitamente haber terminado con la pesadilla de viajar en Venezuela, tengo que admitir tristemente y a pesar de los buenos recuerdos que me llevo, que nunca me había dado tanto gusto dejar un país. En cuanto cruzamos a Colombia el ritmo de vida cambió, y con ello la situación se tranquilizó para nosotros. Para cuando llegamos a  la terminal nos encontramos con  muchas opciones de salidas para Bogotá, el autobús allí era de nueva cuenta un bus normal,  yo no podía creer que de nueva cuenta estaba en un autobús donde había baño, donde había aire acondicionado, donde los asientos estaban en buenas condiciones y se podían reclinar un poco, sin música a todo volumen. Cosas que en muchos países son básicas pero que en el presente de Venezuela, son todo un lujo.

Escrito por David Herrera González.

martes, 5 de septiembre de 2017

106. TRANSPORTE DE TERROR. Segunda Parte



TRANSPORTE DE TERROR. 
¿Qué hicimos para merecer esto? Nada, solamente estar en Venezuela. 


 
*Fragmentos del Diario.
SEGUNDA PARTE
Miércoles 12 de Julio, 2017.
NO SOLO POR TIERRA HAY RETRAZOS Y MALA ORGANIZACION, TAMBIEN EN EL MAR.
Nos levantamos a las 4 y media de la mañana para salir de casa del  Negro, quien muy amablemente se despertó para despedirnos y para llamar al taxi que nos iba a llevar al puerto. El taxi nos dejó en las oficinas del Navibus a las cinco de la mañana, a esa hora fuimos a comprar el boleto y resulta que del precio que nos habían dado el día anterior ya había aumentado más de dos mil pesos, nos habían dicho que costaba 12 mil, pero al final nos costó  14,500 bolívares. El bote se suponía que salía a las siete, por lo que con mucho tiempo fuimos a comprar una empanadas para aguantar todo el viaje,  a las 6:30 ya estábamos listos para comenzar a embarcar, pero resulta que a esa hora se acerca uno de los trabajadores y nos dice que el barco iba a llegar hasta las 7:30, nosotros queríamos salir temprano para llegar a Isla Margarita y aprovechar algo del día,  pero al final tuvimos que hacer una larga espera, donde después de una hora ya estábamos de malas, entre cansados, mal dormidos y con la impotencia de no poder reclamarle a nadie. Al final el bote llegó como a las nueve y termino saliendo 9:30, en cuanto nos subimos al ferry  me quedé dormido, me vine despertando después de las 12, luego fuimos a dar una vuelta por el barquito y fue hasta casi las 3 que estábamos llegando a la Isla….

Miércoles 19 de Julio, 2017.
DIA DE VIAJE PESADO A LA VENEZOLANA.
Veníamos regresando de  Isla Margarita, y después de haber pasado la noche en medio del océano, a las 7 de la mañana estábamos llegando  tierra firme. De inmediato conseguimos un taxi para irnos a la terminal  de Puerto la Cruz pues ese mismo día  queríamos llegar hasta las playas de Tucaca, pensábamos que para la noche ya estaríamos allí durmiendo en el hotel donde nos habíamos hospedado la vez anterior.
Con esa idea en mente llegamos a la terminal y comenzamos a preguntar por buses para Valencia (que era el primer punto al que teníamos que ir), todas las oficinas que decían Valencia estaban cerradas con excepción de dos una que estaba por confirmar un bus pero hasta en la noche y otra que ofrecía  una buseta sin aire acondicionado y que salía a las 11,  nosotros queríamos salir cuanto antes así que tuvimos que comprar boletos para esa buseta, pues aunque nos retrasaba un poco, sentíamos que todavía alcanzábamos a llegar sobrados hasta nuestro destino final.  Teníamos más de dos horas de espera por lo que fuimos a la sala de espera con aire acondicionado pero no paso mucho tiempo en que llego un predicador a convertir esa sala en un templo moderno, con un sermón sin fundamentos, afortunadamente yo me perdí la primera parte de la dizque misa por que fui a comprar algo para comer, un tequeño y una rebanada de pizza con un jugo y un kilo de mamón (fruta local) por mil pesos. Para cuando volví me tocó el resto de la evangelizada, me daba  risa que cada que decía amen la mayoría de las personas contestaban fuerte y apasionadamente, hasta que de pronto salto un loco diciendo que respetara que no todos pensaban igual que él y el predicador y una señora que se puso loca comenzaron a gritar que la palabra del señor no la podía callar nadie, Julieta estaba harta con toda esta situación por lo que se fue a dar una vuelta mientras yo me quedaba cuidando las maletas, mientras escuchaba los disparates que decía el predicador. Luego de un rato salí cuando regreso Julieta, yo tuve que salir corriendo al baño pues las empanadas callejeras del día anterior  pedían a gritos salir de mi organismo, el baño público de la terminal no era tan malo como esperaba, pues aunque no había agua tenían cubetas de agua para que cada quien  limpiara sus desechos.  Poco antes de las once vinieron a avisar que ya estaba el bus para abordar,  ese fue el comienzo de un día en que todo salió mal. El bus era pequeñito e incómodo, apenas entrabamos en los asientos y adentro se sentía un calor infernal, pero cuando ya estábamos arriba se me ocurrió decir que iba a salir puntual pues faltaban 15 minutos para las 11 cuando ya estábamos todos arriba del bus, pero no, el transporte venezolano no funciona así. Cuando estábamos por arrancar de pronto comenzó la discusión de una señora que al parecer tenía boleto y no le habían respetado el lugar, discusiones y peleas, vendedores subiendo y bajando, otro peleando con la chica de la empresa, hasta que por fin y después de varios minutos de calor y sudor, se movió la buseta. Cuando parecía  que salía de la terminal otra vez lo mismo, vendedores, otro predicador, la señora que seguía reclamando ahora con dos jóvenes más que también argumentaban lo mismo, los choferes gritando, todavía hay tiempo para que se  suba un señor a cobrar la tasa de embarque 200 bolivianos por persona y otro para que anotara los nombres de todos los pasajeros,  y con un calor que cada minuto se sentía más sofocado. Al final salimos después de las 11:30, pero todavía faltaba salir de Puerto la Cruz, tardamos muchísimo pues el tráfico en la ciudad estaba muy denso, después de varios largos minutos por fin pudimos salir a la carretera y allí comenzó una lluvia intensa que comenzó a refrescar un poco el ambiente, pero que luego se convirtió en un factor negativo pues nos empezó a mojar todo, tuvimos que estar cerrando y abriendo las ventanas, y por otro lado también hizo que el autobús tuviera que ir mucho más lento.   Al mediodía el bus hizo una parada para comer, la lluvia en el lugar donde frenó  era parejita, una perfecta cortina de agua cayendo constantemente, nosotros no compramos nada  para comer solamente nos fumamos un cigarro, y fui al baño. Luego de un buen rato por fin salió el chofer, subimos de nueva cuenta y continuamos el trayecto entre ritmos de salsa y de reggeaton barato a todo volumen, cosa muy típica en todos los buses venezolanos. Posteriormente paro la salsa y pusieron a Maná a un volumen un poco más considerado lo cual hizo un poco más placentero esos momentos.  Para las 7 de la tarde que se suponía que  era la hora en que llegaríamos a Valencia, apenas íbamos cruzando Caracas por lo que todavía nos faltaban más de dos horas aproximadamente.  Apenas habíamos recorrido unos pocos kilómetros cuando me dieron ganas de orinar (cosa bastante seria porque en Venezuela concebir un  bus con baño es algo bastante difícil de encontrar), yo pensé que todavía me iba a tener que aguantar hasta Valencia pero no, el bus frenó a la salida de la capital a cargar gasolina, allí pude ir al baño pero la demora antes de salir nos seguía atrasando. Después de más de media hora el bus siguió su rumbo ya cayendo la noche, Julieta y yo analizábamos cuanto tiempo tendríamos y para no desesperarnos nos pusimos a jugar unos simples juegos de decir países, ciudades, frutas y demás cosas con las letras del abecedario. Como a las ocho y media  de la noche llegamos a Maracay,  solamente faltaba una media hora para llegar a Valencia y con esto todavía había esperanzas de llegar hasta Tucaca si las cosas se daban rápido, pero eso era mucho pedir en este país. El bus tardó unos diez minutos en volver a arrancar, se subieron más vendedores, y luego cuando parecía que ya nos íbamos el bus volvió a entrar a un anexo de la terminal para tratar de rellenar los asientos que habían quedado libres, mientras estábamos allí de pronto se escuchó un grito que decía: “Todos para abajo con sus cosas” al principio ningún pasajero entendía pero luego comprendimos que había que cambiarnos de autobús.  Cuando estábamos a mediar hora para llegar resulto que esa media hora la pasamos esperando en el nuevo bus. Este bus estaba en muy buenas condiciones, con asientos cómodos, con BAÑO, y con aire acondicionado, pero por solo media hora de viaje no era tan valioso y menos por que el aire acondicionado estaba absurdamente frío. El bus no salió pronto pues lo querían llenar,  nosotros  llevábamos todo el día viajando por lo que la desesperación y el coraje comenzaban a invadirnos. Por fin llegamos hasta Valencia después de las nueve, nos bajamos rápido y salimos a ver si podíamos conectar otro bus. Preguntamos y nos dijeron que estaba  por salir uno para Coro que quizá nos podía dejar pero que nos iba a cobrar los 15 mil que era la tarifa hasta Coro pero que tal vez nos podían dejar en Tucaccas. Cuando encontramos al chofer del bus hablamos con él, nos dijo si íbamos para Tucacas nos dejaba en plena carretera y que no hay nada cercano por allí. Nosotros no sabíamos que hacer, pensamos en la opción de pasar la noche y salir al siguiente día, pero  en eso nos dijeron que al siguiente día había paro nacional y no iba a haber nada de movimiento en la terminal. Por lo que en algún punto resolvimos que lo mejor era irnos hasta Coro donde ya habíamos estado con anterioridad y donde conocíamos  un buen hotel; para  cuando lo decidimos y le dijimos al chofer que nos íbamos hasta Coro nos dijo que ya no tenía lugares pues estaba esperando un bus de Caracas y que ya tenían apalabrados todos los asientos, pero que para no dejarnos tirados nos llevaba, pero teníamos que ir parados. Nosotros por la desesperación le dijimos que sí, pero el trayecto siguiente fue una verdadera pesadilla. Yo pensé que al menos me iba a poder sentar en el suelo pero había tanta gente y era tan estrecho el interior que no pude hacerlo así que me fui parado la mayor parte del tiempo, y otro tanto sentado en el cofre pero como quedaba de bajadita no me pude acomodar.  El chofer iba bastante rápido sin importarle que venía sobrecargado de pasajeros, y lo más sorprendente es que cuando nos frenaban los retenes de policía en vez de multar a chofer por llevar gente de más, terminaban por pedirle que llevara más gente, por lo que todavía fueron subiendo más pasajeros. En uno de los retenes se subió un policía e hizo que bajaran a revisar las maletas del baúl por lo que Julieta y Luis tuvieron que salir, yo estaba ya desesperado pues ya quería llegar, pero todavía alcance a ponerme nervioso de pensar que nos quisieran sacar algo para quitarnos el dinero que todavía teníamos, pero afortunadamente no pasó nada. Al final fueron todavía otras cuatro horas de trayecto por lo que llegamos alrededor de las tres de la mañana a Coro, nosotros estábamos muertos de cansancio, todavía tuvimos que tomar un taxi hasta el hotel, afortunadamente el encargado del turno de la noche en el hotel nos trató bien y al ver que veníamos tan cansado nos facilitó las cosas para que pudiéramos pasar rápidamente al cuarto para descansar.

Escrito por David Herrera González.
 

lunes, 4 de septiembre de 2017

106. TRANSPORTE DE TERROR. (PRIMERA PARTE)



TRANSPORTE DE TERROR. 
¿Qué hicimos para merecer esto?
Nada, solamente estar en Venezuela.


La realidad es que Venezuela atraviesa por un momento muy delicado, donde la problemática política está afectando a la sociedad en su vida diaria. Uno de los rubros donde esto es bastante claro es en el transporte, donde la desorganización en todos los aspectos de las empresas transportistas ocasiona que la gente tenga muchos problemas para desplazarse.
Nosotros estuvimos un poco más de un mes recorriendo  Venezuela, y como en todos los demás países rápidamente terminábamos por formar parte de la vida y el ritmo natural de la gente. Después de haber recorrido 15 países y de haber tomado interminable cantidad de autobuses, nos enfrentamos  ante el peor ejemplo de movilidad en Latinoamérica, con las peores condiciones y con una desorganización digna de criticarse. Para moverte de una ciudad a otra hay que estar dispuestos a enfrentarse con cualquier cosa, situaciones que inimaginables terminan ocurriendo, uno como pasajero sabe que se va, pero nunca con certeza, si uno va a volver.  La aventura a la que nos enfrentamos la última semana para salir de Venezuela exigió un estado de autocontrol y de paciencia a la que no me había sometido en todo lo que llevábamos de viaje, al final termine  exhausto, y eso que yo solo estuve unos días en Venezuela, imagínense la gente que tiene que  lidiar con esto todos los días de su vida.
Con esto no quiero decir que todo fue negativo, pues como siempre pasa en los viajes, uno siempre se encuentra con gente linda, gente que nos recibió en sus casas y que nos trataban de simplificar las cosas; gente con la que tocó compartir viajes dentro del bus con los que la plática y la buena onda terminaron por unirnos como si fuéramos conocidos de toda la vida. Y aunque la experiencia del transporte no fue la mejor me quedo con una frase que escribí en mi diario con respecto a la actitud de la gente: “El cariño y la protección que nos brinda la gente linda de este país no se compra ni con todos los paquetes de billetes de  100 bolívares, y como me dijo Ita, las cosas no pasan, suceden. Nosotros los latinos somos hermanos, somos familia y como tal hay que tratarnos.”
El propósito de dedicar una columna al transporte venezolano es mostrar lo crudo de la situación actual, así como sacar un poco todo ese coraje e impotencia que a la que me vi sometido  varias veces. Para ejemplificar un poco esos momentos difíciles voy a tomar algunos fragmentos de mi diario personal que fue donde comencé a referirme a este tema como “El Transporte del Terror “.
*Fragmentos del Diario.
PRIMERA PARTE.
Miércoles 21 de Junio, 2017.
BIENVENIDA VENEZUELA. Por fin el sueño de entrar a ese tan mal nombrado país se estaba dando.
…Para las cuatro de la tarde ya habíamos cruzado la frontera, así que ahora había que tomar el transporte hasta San Cristóbal. Nos habían dicho de tomar un bus desde la frontera, pero como había mucha gente esperando al final optamos por tomar un taxi, nos cobró 50 mil bolívares y al final nos salió un poco más barato pues se nos anexo una chica quien nos coopero con 8 mil.  Nos subimos todos al taxi y luego fuimos rumbo a San Cristóbal, en algún punto el conductor nos dijo que si teníamos nuestros pasaportes a  la mano pues íbamos  a pasar un puesto de control militar.  Pasamos por el control militar  nos pidieron las identificaciones y al ver que éramos extranjeros nos hicieron pasar a revisión. La revisión fue la más exhaustiva que he tenido en toda mi vida, en ninguna frontera nos habían tratado así. La oficial militar  nos revisó hasta el último detalle,  en las maletas metió la mano en todos los rincones, hasta en la bolsa de la ropa interior, luego nos revisó papel por papel la cartera y las bolsas de mano. Cuando vio que traíamos dólares de inmediato comenzó a pedir apoyo para que vinieran oficiales hombres para que nos revisaran en privado.  A un cuartito nos fueron pasando de uno por uno, primero Luis, luego yo y finalmente la oficial revisó a Julieta,  a cada uno por separado nos hicieron desnudarnos para revisarnos, una situación por demás denigrante, pues en el fondo ellos solo lo hacían con la intención de quitarnos los dólares. Militares corruptos que nos hicieron pasar un muy mal rato, a mí en algún punto de la revisión me dijeron así sin más, que le dejara 20 dólares, y de allí nunca quito la mirada de los billetes, al final yo me lo pude quitar de encima cooperándole con los 6 mil pesos colombianos con los que habíamos salido de Colombia (2 dólares), los cuales me dio mucho coraje tener que dejárselos, pero sabía que con eso ya nos iban a dejar ir. Unos verdaderos miserables, sinvergüenzas.
De allí ya cansados y con hambre seguimos nuestro trayecto hasta San Cristóbal, mientras platicábamos con el chofer y con la chica venezolana que venía con nosotros, en algún punto paso frente a nosotros un  operativo del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), quien es el principal organismo de investigaciones penales de Venezuela, con un montón de motos por delante y grandes patrullas por atrás, el miedo se incrementó cuando el taxista y la chica que iba en el taxi comenzaron a platicar historias relacionadas con la violencia y las injusticias que se viven día con día en el país.  Al final el taxi nos dejó en un hotel bastante precario a las afueras de la terminal, le pagamos con  varios montones de billetes de a cien y  decidimos que nunca más volveríamos a tomar un taxi para viajar de una ciudad a otra, pues sabíamos que viajando de esa manera seriamos presa fácil para que en los incalculables retenes nos quisieran quitar nuestros dólares.

Viernes 7 de Julio, 2017.
CAMBIO DE PLANES. NOCHE EN LA PRISION EN MARACAY.
…. Después de dos horas de camino llegamos a Maracay, eran como las cinco de la tarde y nosotros veníamos con la idea de comprar los boletos del bus para tenerlos seguros, ir a comer algo y luego viajar de noche rumbo a Puerto la Cruz. Para cuando llegamos a la terminal indicada, comenzamos a preguntar por salidas para la noche, pero en todas las oficinas la respuesta era negativa y muy poco amigable, nosotros habíamos preguntado antes sobre los horarios, pero resulta que por las marchas y los paros en el transporte los autobuses del día ya estaba sobrevendidos y solamente había lugares hasta la siguiente mañana. En ese momento nos cambiaron por completo los planes por lo que tuvimos que replantearnos que hacer, intentamos  mover las piezas para irnos  a Valencia a ver si allá corríamos con suerte de encontrar algún bus desde allá, pero al final no salió nada. Al final tuvimos que comprar los boletos para el bus que salía el siguiente día a las 7 de la mañana, y luego nos dispusimos a encontrar un hospedaje donde pasar la noche, Luis se fue a preguntar y consiguió un hotel por 17 mil bolívares por un cuarto triple, el hotel era como una prisión fea y deprimente, el que atendía era un tipo parecido a “Tiba”, pero al no tener otra opción tuvimos que instalarnos allí. Una vez instalados salimos a comer algo antes que nos cayera la noche pues la zona se veía bastante peligrosa para andar deambulando por allí.  Dimos una vuelta  y solo encontramos una parrillada clandestina, no estaba para nada rica, pero era lo único que había, allí comenzaron a amenazar de muerte al dueño del puestito, por lo que en cuanto terminamos de comer nos volvimos de inmediato al hotel donde no corríamos peligro y donde pasaríamos la noche para al siguiente día muy tempranito salir a tomar el bus.

Escrito por David Herrera González.